Como inicio del camino hacia el tiempo pascual, el pasado día 4, compartimos un encuentro de reflexión sobre el pecado y la misericordia desde lo más hondo de nuestra experiencia.
En un ambiente cuidado, con dinámicas, silencio y oración, recorrimos distintas dimensiones del pecado —desde lo psicológico hasta lo teologal— descubriendo cómo nuestras heridas pueden ser lugar de gracia.
La piedra que cada uno sostuvo simbolizó aquello que nos pesa y pesa a otros… y también el gesto liberador de dejarlo a los pies del Crucificado. Una experiencia que poco a poco nos prepara para vivir la Pascua con un corazón más libre y abierto.
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