Kigali - Rwanda: Centro Biryogo, del Instituto Secular Vita et Pax in Christo Jesu

Las Obreras de la Cruz trabajan en este Centro socio-sanitario, y colaboran también como voluntarias en el Orfanato que las Misioneras de la Caridad, de la Madre Teresa de Calcuta en Kigali.

Pero yo os digo...

Hemos regresado de Rwanda ligeras de equipaje y con el alma rebosante de vivencias, de rostros, de encuentros; con la conciencia renacida, despierta por el impacto de una realidad empobrecida y sufriente, que intentan comprender, asumir, acompañar nuestras hermanas, y de la que ya no podemos pasar de largo.


He compartido con muchas de vosotras algo de esta intensa experiencia, necesariamente fragmentaria y parcial. Ahora, os ofrezco una lectura en clave evangélica, una secuencia, también incompleta, de algunas escenas reales, contempladas, repetidas una y otra vez en los cortos días vividos en Kigali, y que una y otra vez nos evocaban páginas del Evangelio.


El servicio nutricional del Centro Médico Social Kwa Nyiranuma, sus trabajadores, los niños y sus madres, los esfuerzos por superar la desnutrición infantil, con programas sencillos y eficaces, utilizando los recursos más accesibles para ellos. La Operación Alubias, que mejora significativamente la alimentación básica de numerosas familias en Biryogo.

Dadles vosotros de comer... Comieron todos y se saciaron y recogieron las sobras...
(Mc 6, 37.42)

...Y siempre hay alguien más pobre: unas mujeres, con sus bebés bien anudados a su espalda, recogiendo afanosamente, silenciosamente, las alubias caídas en la tierra durante al transporte de los sacos.

Pero ella repuso:
-Cierto, Señor;
pero también los perrillos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.
Jesús le dijo:
-¡Qué grande es tu fe mujer! Que se cumpla lo que deseas.
(Mt 15, 27-28)

La elegancia multicolor en los vestidos de las mujeres rwandesas.

Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en todo su fasto, se vistió como uno de ellos.
(Mt 6, 28-29)

El perenne grupo de hombres jóvenes en el barrio Biryogo, con sus útiles de trabajo en las manos, esperando que alguien los contrate al amanecer, a media mañana, a medio día, a media tarde, al caer la tarde...

Todavía salió a eso de la hora undécima Y al encontrar a otros que estaban allí les dice:
-¿Por qué estáis aquí todo el día parados?
Le contestaron:
-Es que nadie nos ha contratado...
(Mt 20, 6-7)

El contacto físico que con tanta naturalidad ofrecen y buscan... Los niños del barrio y del Centro Médico Social, sus saludos haciendo chocar la palmas de las manos, sus abrazos; también los lloros y el temor de los más chiquitines al vernos tan blancas (umuzungu).

Le acercaban también niños pequeños para que los tocara... Y abrazándolos, los bendecía poniendo las manos sobre ellos.
(Mc 10, 13.16)

Una chica muy joven acaba de dar a luz casi en la calle. La atienden en el Centro Kwa Nyiranuma y, al poco rato, acompañada por un grupito de mujeres camina hacia la casa donde trabajaba como sirvienta (boyessa), con la recién nacida en brazos. Sus amos no la admiten y le cierran la puerta. Ella y las otras mujeres se sientan en la calle y rezan y esperan. Seguramente se dirigen a Dios (Imana) desde distintas religiones. Pasa el tiempo y siguen esperando y rezando... Una prostituta del barrio (mujer samaritana) las ve, se compadece y ampara en su casa a la joven madre y a su hijita...

Os aseguro que las prostitutas os llevan la delantera para entrar en el Reino de Dios.
(Mt 21, 32)

El regalo cotidiano de la Eucaristía al amanecer, rodeadas por una gran multitud de fieles; nosotras, pequeñas motas blancas en un gran tejido negro. Su silencio orante, respetuoso; sus actitudes y gestos celebrativos; sus cantos vibrantes que todos comparten nos descubren su profundo sentido de lo sagrado, del misterio, tan olvidado en nuestros templos y capillas; y nos emocionan y nos ayudan a dar gracias, a pedir perdón, a alabar, a sentirnos Asamblea, aunque toda la celebración sea en lengua kinyarwanda.

— ¿No está escrito: «Mi Casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos»?...
(Mc 11, 17)

¿No escucháis ahora más nítida la voz del Maestro?: Pero yo os digo...muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros.

Consuelo Carbonell

Compuval SL