El Instituto Secular Obreras de la Cruz inició, en el año del Centenario del nacimiento de su Fundador (1996), la rehabilitación de su Casa Natalicia. Está ubicada en el centro de Benaguacil (Valencia), a escasos metros de la parroquia, en la calle “Carrer Canonge Garrido Pastor”, nombre que recibió cuando D. Vicente fue nombrado hijo predilecto de la ciudad. Anteriormente se llamaba “Carrer de les Eres”.
En esta casa solariega, a las 22 horas, del día 12 de noviembre de 1896, en el seno de una familia labradora y profundamente cristiana, nació Vicente Garrido Pastor. Era el menor de siete hermanos. Se conserva la habitación donde nació y la alcoba donde trabajaba y descansaba en sus visitas a Benaguacil.
Al fondo de la casa, un amplio patio; y, a su derecha, el lagar donde Vicente Garrido estuvo escondido durante un largo período de la guerra civil española (1936-1939). Las pequeñas dimensiones del receptáculo (1´70 m. de alto; 0’72 m. x 0’74 m. de ancho) hacían de él un lugar inhabitable. Mientras permanecía escondido, allí mismo, en el patio y almazara de la casa, trabajaban los milicianos durante el día; por la noche, pernoctaban en la “cambra”.
Contemplando este lugar, nos invade una gran emoción, multitud de preguntas, sin respuesta, van y vienen del pensamiento al corazón. Sólo una cosa es posible: dar gracias Dios. ¡Cuánto sufrimiento, cuánta fe acumulada y vivida en este lugar inhabitable!
Aquí, según el testimonio de algunas Obreras de la Cruz, compuso la Súplica a la Virgen de los Dolores que cada noche cantan o rezan las Obreras de la Cruz: auténtico testimonio de fe de un hijo que en la oscuridad de la noche confía plenamente en la Madre; diálogo profundo entre un hijo, a quien —como Ella— “no le asusta el calvario”, y una Madre —como él— llena de amargura.
(La casa se puede visitar los martes, jueves y sábados.
Concertar visita con María Peris: T. 96 139 04 03)
Virgen de los Dolores, bella y pura,
sois la esperanza mía.
Siempre en ti, madre llena de amargura,
mi corazón confía.
En mis penas, Santa Virgen María,
me infundes entereza.
A ti, la madre de la Eucaristía,
pido y amor y pureza.
¡La cruz!, hermosa, divina locura,
la cual tus ojos lloran,
¡Madre de Dios!, con su sangre purpura
las almas que a ti imploran.
Arde en gran amor tu maternal pecho,
herido en el calvario;
¡Madre buena!,
que en el mío halle un lecho
tu Jesús, y un sudario.
Virgen querida, mi corazón te ama.
no me asusta el calvario;
antes bien,
en llamas de amor se inflama
a la cruz y al sagrario.
Ampáranos, guíanos, bendícenos
Primera Casa de Ejercicios Espirituales
del Instituto — antigua Masia del Xocolatero —,
donde Vicente Garrido
comienza a dirigir tandas de Ejercicios en 1939.
La masía no reunía condiciones,
pero a base del trabajo abnegado
de las Obreras de la Cruz
se habilitó para acoger grupos y organizar Ejercicios.
Se hizo famosa en la diócesis por el número
de tandas y los frutos de vida cristiana
que se recogían.
Allí dirigía Retiros mensuales a jóvenes,
mujeres y hombres.
En la actualidad, está destinada a las
Obreras de la Cruz ancianas y enfermas.
El 6 de agosto de 1944 se coloca la primera piedra de la Casa de la Madre de Dios y su apertura tiene lugar en 1954. En ella se puede apreciar la espiritualidad que Vicente Garrido infundió en el Instituto Secular Obreras de la Cruz.
Frente a la fachada, en la explanada, se alza una cruz de piedra, distintivo del Instituto; en el primer piso, la Capilla de la Virgen de los Dolores, con influencia del Patriarca, en cuyo altar destaca la imagen de la Virgen sobre un águila que simboliza al evangelista Juan.
En una esquina del claustro de la casa, en el primer piso, se encuentran las dependencias donde él vivía y trabajaba. En ellas podemos observar una ejemplar forma de vida sobria y austera. Entre sus escasas pertenencias, recogidas en una pequeña estancia, podemos apreciar manuscritos, agendas, algunos utensilios personales, los primeros libros escritos por el Siervo de Dios, el cáliz con el que celebró su primera Eucaristía, el busto de San Juan de Ribera, los ornamentos sagrados para las celebraciones litúrgicas y algunos objetos de particular significado para las Obreras de la Cruz.
Allí se conserva la habitación donde falleció el Siervo de Dios, bajo la tierna mirada, el amparo y la protección de nuestra Madre, la Virgen de los Dolores, a la que consideraba como “dulzura y esperanza” de su vida.
Sembró a Cristo en las almas
con sacrificio y celo inextinguible
bajo el amparo de María
Madre de Dios y nuestra,
Luz que iluminó su vida.
La cruz abrió el camino
de su resurrección futura.
El 11 de agosto de 1967, al atardecer, Vicente Garrido Pastor, se dirigió como otras veces a Torres Torres, pero con una finalidad extraordinaria. Dios y su Madre habían dispuesto morar desde ese día en una nueva casa ubicada en la cumbre de la pequeña montaña, cerca del pueblo. En su coche, sirviendo de templo y palio, Vicente Garrido recorrió el corto trayecto que separa la casa de Torres Torres, llevando el Santísimo Sacramento. Allí le esperaba un grupo de Obreras de la Cruz, que ante Jesús Eucaristía, celebraban su primera Reparación.
D. Vicente llamó a esta Casa “Santa María del Monte”, y quiso que fuera destinada al estudio, oración y descanso de las Obreras de la Cruz.
En ella, todo convida a una íntima unión y comunicación con Dios: el paisaje, el azul del cielo, la paz. Y allí compuso una de sus últimas canciones, expresión de su amor al Señor y a su bendita Madre de los Dolores:
Cantos a tu grandeza, Señor,
cantos a tu pureza, ¡oh Virgen, lirio de amor!
Cantos a tu pureza, cantos a tu pureza,
cantos a tu pureza.
Repitan los montes los ecos de amor,
ecos de fe y confianza, en ti, Señor.
Cumbre bendita de esta montaña
donde tú vives, Señor.
Cumbre bendita de esta montaña,
donde reina la Virgen, Madre de Dios.
Cascadas de voces desde esta cumbre
alaben a Dios.
Cascadas de voces, henchidas de amores,
canten y alaben a la Virgen, Madre de los Dolores.
Montes y valles, cielos y tierra
seguid cantando la gloria de Dios.
Montes y valles, cielos y tierra,
seguid cantando
a la Virgen Reina, Madre de Dios.
Montes y valles, huertas y mares,
cielos y tierra, criaturas todas,
seguid cantando...seguid cantando...