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Fundador de un Instituto Secular

Persona de intensa actividad apostólica, abnegación personal para abrazar la Cruz de Cristo, y de una profunda espiritualidad, Vicente Garrido da vida a su gran obra: el Instituto Secular Obreras de la Cruz. Desde 1923, trabajó intensamente en la formación de la juventud católica y, bajo su dirección e impulso, fue creciendo con rapidez el número de jóvenes que deseaban vivir con radicalidad su entrega a Dios y consagrarse al apostolado en medio del mundo.

 

Así, se formó el primer grupo de las que más tarde serían Obreras de la Cruz. Durante el régimen republicano en España, crea una sociedad civil con carácter intelectual y benéfico, desplegando al mismo tiempo una intensa actividad espiritual y humana. Y, de este modo, se fue imponiendo —como él decía— la realidad de “algo no pensado”. Estas jóvenes, que nacían con grandes deseos apostólicos, se entregaron al seguimiento radical de Jesucristo profesando en el mundo los consejos evangélicos. Destacaban en ellas, además de la intensa actividad apostólica, la oración, la reparación, el trabajo y la sencillez, el amor a la Eucaristía y a Cristo Crucificado, y una profunda devoción a la Virgen de los Dolores.

 

 Don Vicente, por su trabajo en el apostolado seglar, conocía la capacidad de inserción de los seglares en la sociedad y quiso, desde un principio, que su Obra fuera de seglares totalmente consagradas a Dios, movidas de una intensa vida interior, pero viviendo inmersas en el mundo. Así, publicada la Constitución Provida Mater Ecclesia en 1947, vio que esta forma jurídica daba respuesta a sus intuiciones e ideas fundacionales. En 1964, la Pía Unión era aprobada en Valencia como Instituto Secular de derecho diocesano y, en 1971, el Papa Pablo VI lo declara de derecho pontificio y le concede el Decretum Laudis.


Esta es la obra a la que el Siervo de Dios, Vicente Garrido Pastor, dedicó sus mayores esfuerzos y a la que cuidó constantemente con su dedicación, ejemplo, palabra, entusiasmo y virtud. El 12 de junio de 1971, cuando celebraba las bodas de oro sacerdotales, la Santa Sede concedía a su Instituto el Decretum laudis — venía a ser como un reconocimiento a su intensa labor sacerdotal— y ese mismo día, como homenaje a su meritoria vida al servicio de la Iglesia, el Santo Padre le nombrabaPrelado de Honor de Su Santidad.