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Director de Ejercicios y consejero espiritual

En 1956, concurrió a la Canonjía de Penitenciario, de la Catedral de Valencia, donde, además de las obligaciones propias de este servicio, dedicó muchas horas a la administración del sacramento de la Reconciliación y al acompañamiento espiritual. Dotado de un extraordinario don de consejo, ha acompañado a personas de toda clase: hombres y mujeres consagradas, jóvenes, gentes del pueblo, sacerdotes, obispos… Todo ello en una progresión constante.


Dijo de él el Siervo de Dios, José María García Lahiguera, Arzobispo de Valencia:


“Para mí, desde el primer día fue el confesor apetecido, en quien resplandecía el don de consejo, característico de los buenos confesores-directores de espíritu. Escuchaba con atención e interés y su palabra daba plena seguridad. Era el buen director que, ante todo, secunda la acción del Espíritu Santo, sin jamás anticiparse a Él, cuanto menos suplantarlo. El consejo era acertado, claro. Su palabra final era siempre alentadora. Y así, todas las semanas, hasta su muerte. Reconozco que ésta fue una de las grandes gracias que el Señor concedió a mi alma”.


Destacó particularmente en la dirección de Ejercicios Espirituales, que consideraba un medio excelente para la renovación interior de la persona y el encuentro con el Señor, y ya en 1940 atestiguaba de él el doctor Melo y Alcalde, Arzobispo de Valencia:


“D. Vicente se dedica con intensidad a la dirección de las almas, dirige retiros espirituales y da tandas de Ejercicios a los obreros”.


Apenas si quedó estrato social en Valencia sin recibir de él orientación en los Ejercicios, pero sobre todo el testimonio de su vida evangélica. Siguiendo el método ignaciano, dirigió más de mil tandas de Ejercicios espirituales. Organizó y dirigió en Valencia (1939) el primer retiro espiritual y la primera tanda de Ejercicios Espirituales después de la guerra civil.